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sábado, 12 de febrero de 2011

Ganadora del paquete Inevitable de Versátil





¡FELICIDADES, ARTISTA!

Eres toda una escritoraza hecha y derecha, así que disfruta por lo alto tu premio. Por supuesto, una creación así sería imperdonable que sólo la leyésemos el jurado. En primicia la compartimos aquí en JR. Espero que disfrutéis tanto como yo de este regalito que nos ha hecho Lara por San Valentín


Me muevo ligeramente al son de notas que se deslizan perezosamente por mi vestido, mientras me veo envuelta en una nube de gasas y telas de todos los colores y texturas.
Estoy agarrada a alguien que no sé quién es y tengo miedo. Mucho miedo.
Miro a mi alrededor y las caras pálidas y amables que antes contemplaba se convierten en grotescas e inhumanas mientras giran sus ojos envueltos en llamas hacia mí. Pero no es a ellos a quienes temo, sino al único que no ha cambiado su forma tan bella. Al único que me sigue mirando con discordante dulzura. Al hombre que se encuentra frente a mí y que poco a poco se acerca para besarm…

BEEP…

BEEP…

BEEP…

Me despierto lentamente con el sonido de la estúpida maquina que cuenta mis pulsaciones, de nuevo con un vacío donde debería estar mi sueño.
Con tan solo diecisiete años me han diagnosticado una rara enfermedad en la que sufro crisis nerviosas ya que no puedo soñar. O al menos nunca, jamás, recuerdo que he soñado.
Se supone que esto afecta a mi adaptación con el exterior, así que tengo que dormir siempre en este maldito hospital y estar vigilada a todas horas por alguien que sepa qué hacer en caso de que sufra una de mis crisis.
La puerta de madera pintada de blanco se abre lentamente y puedo ver la cara cansada de mi madre que se asoma para comprobar si me he despertado. En cuanto entra, el fuerte aroma a café llega hasta mí, despojándome de la sensación de mareo.
- ¿Cómo estás hoy, princesa? –me dice con su voz suave y armónica.
No la quiero preocupar así que me limito a agarrar el vaso de plástico mientras me encojo de hombros y tomo un gran sorbo del brebaje marrón muy azucarado, como todos los días.
Pero, en realidad, hay algo que lo hace realmente diferente. No consigo quitarme de encima la sensación de estar observada constantemente y cada vez que pienso en ello, un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Giro mi cabeza, distraídamente hacia la ventana de la habitación privada de la primera planta del hospital que está reservada para mí y veo unos ojos color gris detrás de los árboles que observan cada uno de mis movimientos con mucho detenimiento. El cabello del chico, que no tendrá más de veinte años, es del color de la miel y le cae desordenadamente a los lados de la cara, haciéndole aún más siniestro. Viste desfasado para su tiempo, aunque no se apreciaría si no fueras una friky del vintage (como desgraciadamente lo soy yo), con unos zapatos de piel Oxford, unos vaqueros negros ajustados Kenneth Cole y un abrigo largo y gris, que llevaba la inconfundible firma de Rogers Peet (aquí es cuando realmente me fijo en él, ya que la firma había cerrado en los 80).
Más tarde, cuando mi madre se ha ido y puedo dar una vuelta por el jardín sola, me encuentro mirando ligeramente hacia arriba para ver la cara de este pintoresco personaje, que me sonríe y me dice:
- ¿Qué tal has dormido hoy, princesa?
Asustada, le esquivo torpemente y sigo mi camino, lo más rápido posible, aunque sé que me sigue muy de cerca, porque la suela de goma de sus zapatos no deja de hacer ruido en la gravilla del camino que da a mi rincón del jardín (un banco que está al fondo del todo, medio escondido por los árboles).
Sin aguantar más la presión, me giro bruscamente, esperando encontrarme con él, pero he calculado mal la distancia, así que solo puedo ver el cuello vuelto del chaquetón del chico. Su perfume, dulce pero fuerte, me invade y unas imágenes borrosas llegan a mi memoria.

No lo aguanto más y aparto la cara, antes de que sus labios toquen los míos, para salir corriendo por la puerta de cristal al jardín repleto de arbustos. Es casi invierno y frío viento llega hasta mí, revolviendo el pelo rubio que mi hermano ha rizado pacientemente esa tarde.
La luna aparece clara en el negro cielo, pero, de alguna forma, aquello es más un mal augurio para mí que algo que contemplar con admiración. He olvidado el chal color marfil dentro, así que mi piel está empezando a mostrar los signos del frío.
La música sigue sonando, constante, monótona y desesperante.
Me giro para volver a entrar rápidamente, coger mi chal y salir de allí sin dar explicaciones, pero algo me impide el paso y la fragancia de mi acompañante me inunda, hasta que caigo en sus brazos, rendida, y él me besa apasionadamente, inundando así mis pensamientos.

Vuelvo en mí después de lo que parecen segundos, pero, al mirar al cielo, veo que el sol ya ha ascendido bastante. Me encuentro tumbada sobre las piernas de alguien, por lo que el frío invernal no ha llegado todavía hasta mis huesos. Al enfocar la vista hacia la persona que me envuelve en sus brazos, me encuentro con el joven que me mira, con un semblante indescifrable, mientras acaricia mi cabello rubio y liso.
Me levanto rápidamente, lo que me produce una sensación de mareo que hace que tenga que volver a sentarme y dejar caer mi cabeza hacia atrás en el banco.
- Hola Cern. –le digo con voz agotada, sin saber muy bien por qué sé su nombre.
- Te acuerdas de mí… -responde en un susurro. Su voz muestra recelo e impaciencia, como si tuviera que hacer algo rápido y estuviera enfadado por el retraso.
Levanto mi cabeza para mirarle a los ojos y pregunto:
- ¿Quién eres?
- Deberías saberlo… -contesta con una sonrisa pícara- aunque, no puedes porque ni siquiera te das cuenta de quién eres tú.
- Y, ¿quién soy yo? –le contesto, entre divertida y exasperada.
- Eres una ladrona de recuerdos. Tú mataste a Lucy. Es justo que yo te haga pagar.
El jardín del hospital se ha quedado vacío, por lo que, aunque grite, nadie me oirá. Le observo cómo saca un afilado cuchillo antiguo del bolsillo de su chaquetón y lo deja en el hueco que hay entre nosotros en el banco.
No entiendo nada. Este psicópata pretende matarme ahora, que estoy despierta, aún cuando ha tenido la posibilidad de hacerlo mientras dormía en su regazo. Simplemente, no tiene sentido.
- No tienes ni idea, ¿verdad? –me pregunta. En este punto de la conversación mis pulsaciones han ascendido bastante y en sus ojos se puede apreciar el dolor- Jamás has sabido qué significan tus sueños…
- Creo que te has equivocado de chica –sentencio- . Yo no sueño.
- Claro que no, tú no sueñas. Tú robas las vivencias de la gente hasta que no queda de ellas más que un cuerpo vacío de vida. –su tono de voz se va elevando mientras habla y todos los sueños de mi vida vuelven a mi memoria, de golpe- Eres una ladrona y ni siquiera te das cuenta.
- ¿Qué? ¿De qué hablas? –aunque ya se a lo que se refiere. Se refiere a que toda mi vida he estado robando las vivencias de esa tal Lucy a través de mis sueños. Aunque ella viviese hace mucho tiempo, yo la estoy matando ahora, con cada pensamiento, con cada sueño. Acabo de comprender que mi enfermedad no puede diagnosticarse por un simple médico, que va más allá de lo normal. Soy una especie de asesina y utilizo mis sueños para ello. Lo que no entiendo es cómo puede él saberlo y cómo puede estar aquí. Porque él es el chico con el que siempre bailo en mis sueños, aquel que nunca se transforma en la bestia. Aquel de quien siempre huyo.
- Lo acabas de comprender todo, ¿verdad? –dice mientras su mano se acerca a la mía- Y ahora te estás preguntando cómo es posible que yo esté aquí. Fácil. No puedo morir hasta haber cumplido mi tarea. Juré matar al que mató a Lucy, y resulta que es la misma Lucy la que se estaba matando.
Me había perdido completamente. ¿Yo era Lucy? ¡Qué disparate! Es el siglo XXI, no la América de 1800.
Pero algo dentro de mí me decía que aquél muchacho de ojos grises y cansados tenía razón. Algo en mi interior quería salir y yo no lo estaba dejando.
Lentamente, Cern soltó mi mano, lo que hizo que notara la fría temperatura del ambiente, y me besó. Cerré mis ojos y me dejé llevar, hasta que noté un dolor punzante en el estómago, aunque no me dejó desembarazarme de él para ver qué causaba aquél dolor.
Sentí sus lágrimas rodando por mis mejillas mientras seguí besándome. Finalmente, en mis últimos momentos de consciencia, me dijo:
- Ahora que te he encontrado, los dos podemos descansar por fin…
Me rendí a la oscuridad mientras el frío me invadía y acabé por dormirme, esta vez para soñar con algo de lo que nunca despertaría.

La música volvía a sonar, esta vez con un vals para nada monótono. Pero el escenario era diferente. Me encontraba en lo alto de las escaleras de una casa que conocía, con un vestido azul celeste y, en el principio de las mismas, me esperaba Cern, con una sonrisa en los labios.
Ya no le tenía miedo, es más, bajé casi corriendo las escaleras para encontrarme con su cálido abrazo.
- Estás más bella que nunca –me susurró antes de que le besara, acallando sus palabras.
Nos dirigimos agarrados de la mano al salón de donde procedía la música y giramos y giramos, en un baile que nunca tendría fin.




Agradecimientos a Versátil Ediciones

10 comentarios:

  1. Muchas felicidades, Lara!!

    Es un relato muy tierno el que escribiste :-)

    Besos!

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  2. Precioso, me encanta! Muchas felicidades, te lo mereces!

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  3. Un relato muy bonito :) ¡Enhorabuena a la ganadora! ^^

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  4. felicidades chica!! está estu`pndamente, que interesante, guau magnifico :)

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  5. muchas gracias!!!! la verdad es que no me lo esperaba para nada, pero cuando vi el mensaje esta mañana no me lo he podido creer!!! he disfrutado mucho escribiéndolo y espero que vosotras leyéndolo. Si hay más concursos me presentaré, aunque la suerte seguro que ha tenido mucho que ver ya que los vuestros también serían magníficos.
    BESITOS

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  6. ole!
    mencanta muchisimo!
    sin duda has sido la mejor, FELICIDADES!

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  7. Felicidads!! Es un relato genial!!! deberias seguir escribiendo, en serio me encanto!!! :)

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